sábado, 19 de septiembre de 2015

“Cataluña”

¿Cuánto daño, injusticia, dolor y muerte han provocado los sentimientos, cuando se siguen sin aplicar algo de razón?
En estos días, y después de la “Diada” en Cataluña, no puedo dejar de pensar en las razones que un querido amigo alicantino, y separatista catalán, intentaba exponerme cuando hablábamos sobre el problema de esta parte de España.
Después de largas conversaciones telefónicas y electrónicas, mi querido amigo siempre terminaba con una frase lapidaria, “…tú no puedes entenderlo, es un sentimiento, es algo tan grande (…); cuando llego a mi tierra y oigo mi idioma (…), no lograrás entenderlo nunca, ese sentimiento no se puede explicar…”. Con ella, intentaba escapar de cualquier argumento en contra, simplemente, no aceptaba que podía existir otra forma de ver el mundo, y que los idealismos extremistas no conducen a nada bueno.
Cuando no puedes argumentar las opiniones, cuando te demuestran que estás equivocado o que los cimientos de tus pensamientos son falsos, entras en un proceso difícil y que no todo el mundo es capaz de aceptar. No todo el mundo es capaz de evolucionar. Es mucho más fácil pensar que los argumentos exhibidos, son mentira, se han manipulado o simplemente se aceptan, pero prefieren seguir guiándose por unos sentimientos inexplicables.
¿Cómo serían los sentimientos de los alemanes cuando dieron todo el poder al pequeño cabo que los llevó a la ruina, que defendía que el sentimiento de ser alemán estaba por encima de cualquier otro y que había mucha gente que quería hacerles daño o destruirlos?
Por supuesto, siempre que los pensamientos se basan en algo que ni la razón ni la historia  contemplan, tienen que apoyarse además, y sobre todo, en la existencia de un enemigo, que tiene que ser el culpable de todos tus problemas, en cuanto te libres de él, vas a llegar al “Nirvana”, todos los conflictos van a desaparecer y la felicidad se instalará para el resto de los días cerca de ti y de los que piensan como tú. “España nos roba”, “… el resto de España vive a costa de nosotros…”; “…nos tienen oprimidos, no nos permiten ser libres…”
¿Seré yo, o realmente llevamos unos años oyendo frases parecidas a las de hace un poco más de un siglo?.
¿No hemos aprendido nada?, cuanta ilusión engañada, cuanta frustración provocada, cuanta sin razón andando por “la diagonal” de esa ciudad que fue, de esa gente que entiende que son distintos y mejores.
Mi familia es el reflejo de una España plural, fruto del esfuerzo, aciertos y errores de nuestros padres; de una fusión de gentes de todas partes de esta piel de toro y de la virtud de la buena gente que se mueve por España. Apellido catalán, de cinco generaciones en Andalucía, con reminiscencias baleares y con otros progenitores descendientes conversos y profundamente jiennenses. Eso es lo que somos y nadie es más que cualquier miembro de mi familia si no es por su esfuerzo.
Si tanto hay que respetar ese sentimiento fuera de toda razón, ¿por qué no respetar el mío? Cataluña también forma parte de mí y de España.



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